Cuántos besos me perdí por no saber decir "te necesito"

20111016

Río.

Los vértigos del estómago perduran y parece que no me abandonarán, al menos por el momento. No sé qué sensación me causa ni en qué demonios tengo que creer para no tirar la toalla. Esa que está ya llena de noches en vela y de lágrimas que se escapan en momentos inesperados, aquella que hace años me gustaría haberla llenado de sonrisas y de palabras esperanzadoras. Pero, seamos realistas, a todos nos hubiese gustado cambiar un pedazo de nuestras vidas. Gente que ríe, que sueña, que llora y que se enamora. El mundo está lleno de cosas que suenan a. Lo que me preocupa es que no sé ya qué deseo cambiar yo. Me gustaría que Sabina me prestase un puñadito de motivos, porque creo que a mí ya no me quedan. Pero, de momento, voy a sonreír, que es gratificantemente gratis.






Y mientras escucho una ligera voz que me dice “no te rindas, Tamara”, y entonces sonrío, cierro la puerta y me acabo el café


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