
El pasado siempre es un buen lugar dónde refugiarse. Donde buscar lo que se nos ha perdido durante todo este tiempo, y, a veces, encontrarlo.
Poco a poco deshacer el muro que nos cubría y dar pequeños pasitos, insignificantes para muchos, y kilométricos para mí. Vamos agachando la cabeza, que de vez en cuando no viene mal. Susurrándonos lo que nos hace feliz, esas pequeñas cosas. Quitando los puñales que duelen y borrando las huellas que nos han hecho alejarnos. Tomémonos los años como un comodín para aprender… a vivir, y a perdonar. Busquemos los abrazos que hemos intentado bloquear, las mañanas de domingo que nos han hecho odiar muy a menudo nuestras palabras y las cosas que nos han hecho gritar al borde del abismo.
Reconocer nuestros actos nunca fue un plato de buen gusto, pero a menudo ayuda a progresar con nuestros sueños, y muchas veces hace que nuestras esperanzas crezcan día a día.
Mientras tanto, te seguiré apuntando en mi agenda a modo de “tema pendiente”, porque a veces duele, pero acaba mereciendo la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario