Cuántos besos me perdí por no saber decir "te necesito"

20111031

Ni el tiempo, ni la lluvia, ni el pitido de los coches, ni el B&W de la ventana, ni el perdón, ni los suspiros, ni el llanto, ni las alas. Ni los cambios de sentido, ni los pies en el cielo. Ni la niebla que se me enreda entre los dedos…

Este otoño es frío y, a menudo, violento. Y creo que lo estoy superando con creces.

Por el momento, no tengo más que declarar.

Lecciones que nos da la vida.


El pasado siempre es un buen lugar dónde refugiarse. Donde buscar lo que se nos ha perdido durante todo este tiempo, y, a veces, encontrarlo.

Poco a poco deshacer el muro que nos cubría y dar pequeños pasitos, insignificantes para muchos, y kilométricos para mí. Vamos agachando la cabeza, que de vez en cuando no viene mal. Susurrándonos lo que nos hace feliz, esas pequeñas cosas. Quitando los puñales que duelen y borrando las huellas que nos han hecho alejarnos. Tomémonos los años como un comodín para aprender… a vivir, y a perdonar. Busquemos los abrazos que hemos intentado bloquear, las mañanas de domingo que nos han hecho odiar muy a menudo nuestras palabras y las cosas que nos han hecho gritar al borde del abismo.

Reconocer nuestros actos nunca fue un plato de buen gusto, pero a menudo ayuda a progresar con nuestros sueños, y muchas veces hace que nuestras esperanzas crezcan día a día.

Mientras tanto, te seguiré apuntando en mi agenda a modo de “tema pendiente”, porque a veces duele, pero acaba mereciendo la pena.

http://www.youtube.com/watch?v=m6Gnr8nrKx4

20111016

Río.

Los vértigos del estómago perduran y parece que no me abandonarán, al menos por el momento. No sé qué sensación me causa ni en qué demonios tengo que creer para no tirar la toalla. Esa que está ya llena de noches en vela y de lágrimas que se escapan en momentos inesperados, aquella que hace años me gustaría haberla llenado de sonrisas y de palabras esperanzadoras. Pero, seamos realistas, a todos nos hubiese gustado cambiar un pedazo de nuestras vidas. Gente que ríe, que sueña, que llora y que se enamora. El mundo está lleno de cosas que suenan a. Lo que me preocupa es que no sé ya qué deseo cambiar yo. Me gustaría que Sabina me prestase un puñadito de motivos, porque creo que a mí ya no me quedan. Pero, de momento, voy a sonreír, que es gratificantemente gratis.






Y mientras escucho una ligera voz que me dice “no te rindas, Tamara”, y entonces sonrío, cierro la puerta y me acabo el café


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cigarro del café,

Confieso que te echo de menos.