Entonces bromeábamos diciendo que merecía la pena. Saltábamos, caíamos, volábamos. Volvíamos al punto de partida. Teníamos metas. Sabíamos matar cada tropiezo con habitaciones llenas de nosotros. Ojalá no quedase nada ya. Ojalá hubiese tenido un fin. Ojalá nunca quisiésemos haber vuelto. Ojalá hubiesen pasado siglos. O, al menos, un tiempo.
Te recuerdo. Eras la parte maravillosa de lo que ahora eres.
Este punto de partida está lleno de venganza. No me gusta. No me gustas.
No he sabido hacerlo, pero lo he intentado.
Mi orgullo levanta la cabeza cada vez que recuerda que se ha acabado.
Porque, sabes? Nos habríamos ahogado.
Tu me hieres, yo te deseo una muy sincera felicidad.